La muerte de mi mejor amigo

Ayer muriò mi mejor amigo. Aún no sé como asimilarlo. He pasado a sentirlo tanto que parece que el muerto soy yo.
Muchos me dicen que es un desperdicio gastar mi dinero enterrándolo, pero su familia vive muy lejos y sé que si se enteran que él murió, no les importará.
¡Si cada uno de ustedes supiera cómo me duele su muerte! El estaba en cada momento conmigo, me guiaba. No se separaba de mí ni un instante, ni en la universidad, ni en los restaurantes, ni en la casa que compartíamos.
No creo que consiga otro amigo como él, aunque invirtiera todo mi dinero, el tiempo que pasamos juntos, los momentos que me ayudò y que le ayudé nunca quedarán en el olvido.
Muchos me dicen que él solo era un perro muerto de hambre, que no tiene ningún valor su vida o su muerte.
Pero si esa gente se puesiera a pensar que era mi compañero y amigo no estaría hablando así, quizà su falta de amistad los hace ver de otra manera.
Lástima que los únicos que me pueden comprender, no podrán leer este escrito, porque son ciegos al igual que yo. Pero quizá tú me puedas entender y comprendas la angustia que siento. Porque aunque no seas ciego tienes amigos que no quisieras perder, al igual que yo.